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Noviembre eterno...2

El sonido de tu voz en el eco del silencio
las risas opacadas por desencuentros varios,
la invasiva ansiedad que domina nuestros actos,
los ojos lluviosos y atormentados,
lo que no podrá ser y no será jamás.

El juego de nuestras miradas risueñas,
nuestras manos húmedas escondidas en el mundo,
la sombra de los árboles cubriendo los latidos,
la brisa y los perfumes llevando nuestras almas,
el baile es ahora interminable...

Tu cabeza despeinada,
la caricia de tu voz en mi oido,
tu respiración perdida con la mía,
nuestros cuerpos atentos y expectantes,
y un noviembre que no creía en despedidas

Las caminatas frías, los besos, la agonía;
los dibujos, el libro y mucho champagne,
otra placita, otro banco, miles de promesas;
Y el pintor apuñala a su amada...
por celos, por rabia, o por amor?




Alba

Parte de mí murió temprano, no recuerdo bien la hora, sólo sé que hubo un intento por perdurar en esta vida, seguir respirando.
Con el último aliento apenas si pudo dejar correr una lágrima angustiosa y tímida, como grito desesperado ante el fin inminente.
No había más que hacer, el dolor era punzante, producía un ardor indescriptible. Todo en instantes parecía vano. Un silencio que aturdía recorría la habitación demorando llevarse ya a su presa elegida.
El todo y la nada conjugados haciendo un festín de la presente víctima del alba.
Allí se iba, no quise despedirme, sólo podía llorar, me costaba acaso creerlo, no me lo permitía.
La había visto secarse, perder de a poco su esplendor, su esencia.
En el último tiempo era algo que penosamente trataba de regenerarse, tal vez, no lo sé; hablábamos muy poco ya.
No sé bien que hacía, me evitaba, supongo que se ilusionaba por momentos, recuperaba viejos recuerdos, sueños, pensamientos... y de algún modo yo la había traicionado.
Antes solíamos ir a todas partes juntas, respirábamos el mismo aire, disfrutábamos mucho, pero de a poco ya no quiso ser parte mía.
Mis decisiones fueron de a poco alejándola hasta convertirla en esa espeluznante cosa acurrucada y llena de melancolía.
Miro por la ventana, extrañada de su ausencia, como inerte hacia el trascurrir de los minutos.
No he comido desde que sucedió, no siento ganas. Cierro los ojos, busco dormir.
Con el tiempo no será más que un sueño extraño que tuve cuando creí que había desaparecido al despertar...

Niñez

Camino sin prisa;
El ombú aun está allá;
Añoro los días en el campo;
Qué rica la sopa que hacía la tía;
Un niño corre con su perro;
Una casa con parra en el fondo;
Cumpleaños en Diamante;
Mi abuela me hacía torrejas ;
El zoológico de Buenos Aires;
Subida a las escaleras del molino;
Los Días del Niño con los primos!
Navidad y mi primer reloj;
En San Benito, las siestas con Solapa;
Las tortas fritas en calle Rondeau;
Con Miguelito fuimos cinco!
Embarrados por jugar en el arroyo;
Las pascuas en casa de la Nona;
Los terneros Rómulo y Remo;
Primera hostia antes de la Comunión;
El "Pata" de mi madrina;
A Sauce Pinto en ambulancia;
Árboles que se entrecruzan;
Findeaños en Bajada;
El tajamar se secó,
Un 27 todo pasó muy rápido;
Ellos sufrieron en Pérez Colman;
Siestas con mandarinas robadas en María Luisa;
El pool y las cartas en el Bar;
Todo una aventura el cazar ranas en las aburridas tardes;
Aire comprimido apuntando a unas latas;
Los tíos, el club, los partidos, mucho girasol;
Frutas calientes, empacho, chancleteada;
Agüita del pozo, vacas y caballos;
La casita vieja, la lluvia, goteras y tarros;
Los caramelos del abuelo por los cumpleaños;
Las expediciones por arboledas, casitas y comiditas;
Baño de fuentón por turnos, despioje de tías;
Pan casero y tortas; Pitín, la Dani y otros más;
Pescado frito con pan a la noche, pescaban los tíos;
Vendieron mi infancia de campo!!
Obras de teatro y scketchs en familia;
Así lo recuerdo, mis abuelos aun existían;
Fue la mejor época de mi vida…

Ideas que se repiten sin querer