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Depto en ocaso


Luna de fines de octubre
una espera interminable
los ladridos de los perros
el bullicio lejano.

El frío de la noche
un cuerpo cansado
la televisión y su murmullo
una silla vieja en un rincón.

Sopa esperando sobre la mesa
un cuadro recién pintado
flores escondidas hasta mañana
vecinos que charlan...


El sueño da sus primeros indicios
un celular que no suena
uñas rojas y crema de mano
pies entalcados sobre la cama.

Una ventana entreabierta
habitacion de lavanda
zapatillas descansadas
el canto de ua lechuza.

Las hojas del gomero
y un grillo que chilla de fondo
olor a tierra mojada
y un gato que camina en el techo...

Un Martes


Martes agobiante.
Un eterno retorno a las mismas charlas inconclusas y precipitadas.
El no saber, el querer entender.
Quiero comprender algo, sólo un ápice, no pido más.
Tu mirada aguamarina se pierde en el aula.
El Transcurso de los días es ese sin número de instantes.
Lo que fui ayer, lo que soy hoy es sólo mi esencia, en cada rasgo estoy yo.
El murmullo del aula me anuncia que te has ido por completo.
No quieras entender mi escritura.
El frío del invierno no me deja recordarte, sólo siento la angustia de tu silencio.
No me sale llorar, porque no lo siento.
Tal vez en otro momento de debilidad mía vuelva a acusar palabras hacia vos, porque sigue en mí una incertidumbre que tiende a volverse eterna.
Hasta es extraño ser eso que odias, evitas y quieres olvidar por completo...

Aletheia


Dolor de cabeza, la semana ha sido demasiado agitada...
Nuevos aromas y sabores me han provocado un renacer extraño.
Qué sucede? Soy una y mil veces amante de estos cambios. Aun así, esto me ha tomado por sorpresa, y me desconozco de a ratos.
Tengo un caminar risueño, y hasta chistoso. Ríe mi cuerpo entero, se estremece, canta.
Comienzo a percibir hasta los sonidos más lejanos, estoy raramente contemplativa, y a la vez ingenua.
La ciudad entera se convierte en cómplice diario, los días han transcurrido de modo que he quedado suspendida en un tiempo que no existe.
No me queda más que pertenecer a esa temporalidad y permanecer en ella, tomarla y ser con ella.
Volar en la inmensidad de mis sentidos, auscultarme, convertirme en una constante aletheia...

Un domingo como cualquier otro?

Sin duda este tenía ese tenor diferente. Sentada sola en la mesa redonda con mantel de hule, en aquella casa antigua. Suenan de fondo trompetas cargadas de reggae. Huelo inmensidad. Quise leer, no pude lograr concentración y tengo sueño. Estoy a la espera de mi compañero de cena, nos espera la noche. La pasividad de la tardecita y el viento inerte avecina el principio de la semana...

Lluvia en Villa urquiza

La lluvia ha convertido al día en algo mágico, inverosímil. Las gotas cristalinas mojan los techos de las casas bajitas y sencillas. Las hojas de los árboles, amarillas en las copas y un verde intenso más abajo.
Las aves buscan refugio y se acurrucan en los huecos de los espinillos. Los charcos sirven de espejo para las nubes grises y gordas que están en el cielo.
A lo lejos se divisan algunas casas, pero son confusas, se pierden en esa neblina azul grisácea que aparece en el horizonte.
El agua corre, se esconde tras mi sombra. El molino es cada vez más veloz, y mi pelo parece seguirlo.
El chaparrón y las baldosas naranjas del patio están empezando una melodía inigualable. Un frío húmedo corre por mi espalda, por un momento me congela el pensamiento, quedo con la mirada perdida hacia el descampado.
Casi sin querer, me he refrescado, he viajado, nadie escucha, casi diría que me conozco,...

Ideas que se repiten sin querer