Hace uno días la visito con frecuencia, un llamado de ella a altas horas de la noche me hizo correr a su casa.
La encontré acurrucada en posición fetal sobre su cama, la habitación hecha un desastre, cigarrillos apagados a montones sobre un cenicerito de cerámica que le había yo regalado un día del amigo hace tres años.
La música de Silvio no la ayuda en lo absoluto le aclaré, abrí un poco la ventana, así al menos la luna alumbraba un poco su carita desfigurada por el llanto. Al costado, casi debajo de la almohada se asomaban papeles escritos con tinta azul de una birome plateada que encontré en unos rincones de la pieza. Había evitado con todas sus fuerzas subirse a las nubes del olvido con un intento de hacer salir eso que tanto la quemaba dentro, pero por lo que hallé, nada de eso funcionó.
Enajenada y presa de los fármacos esperaba al menos ya no recordar los causantes de tanto pesar. Apenas balbuceaba. entendí mucho frío, la veía pálida. Tenía sed, señalaba con pocas fuerzas un vaso de vidrio que estaba sobre una improvisada mesa de cajas. Fui hacia la heladera, casi todo allí llevaba años sin tocarse, no puedo siquiera imaginar de que se habrá estado alimentando todo este tiempo, saco agua de la canilla, ya el tanque estaría enfriándose por la hora.
Abro la alacena esperando que alguna galletita se asome de algún paquete así logro más tarde que coma algo. Nada, sólo las cucarachas, la única compañía de ella en este ultimo tiempo, estimo.
camino de regreso a la habitación, creo que se ha dormido.
Me quedo, no quiero dejarla así. No es lo mío el orden, pero ese lugar estaba impregnado de humedad. No ha usado ropa, más que esa que lleva puesta, lo que me supone que tampoco se ha bañado en días, semanas, no sé. Salgo de ahí y comienzo a abrir otras ventanas, hago un intento de limpieza. No soy buena para esto, pero se veía inminentemente necesario ahí.
No entiendo porqué esperó tanto para llamar, creo que pensó que iba a ser esta la ultima vez que yo la viera despierta... Reflexionando eso, regreso rápidamente a su lado y busco lo que había consumido, veo tabletas vacía de benzodiazepinas bajo la cama, busco su pulso, lo siento apenas, es muy débil. Su boca seca, la tomo de los hombros y la sacudo buscando que despierte, no logro que funcione. Golpeo su pecho, grito por ayuda, a la espera de algún vecino. No encuentro mi celular, entre tantas cosas no sé dónde lo dejé. voy por el fijo y se lo han cortado. Salgo a la puerta y una vecina se acerca y me dice que llamó a la policía porque escuchó mis gritos. Pide una ambulancia luego que le explico.
Fueron demasiado largos esos 20 minutos que tardaron en llegar, porque nada de lo que intentaron fue suficiente. Paro cardio respiratorio al parecer debido a la sobredosis supongo.
Día a día busco una respuesta sentada al costado de un pedazo de mármol que lleva su nombre, supongo que ella no pudo ser dueña de sí. Releo una y otra vez sus escritos, atravesados por una angustia inexpicable, esos fueron los primeros llamados que nunca escuché porque hacía meses que nada sabía de ella...